21 de noviembre de 2009

¡Nunca de marrón!


Hoy visto de morado, quizás mañana de amarillo y pasado de blanco, pero ¡Nunca de marrón! Creo tener 2 blusas, 2 pares de zapatos, un cinturón, un pantalón y una cartera de este color y todos están muy bien guardaditos. Los he usado, claro que sí, pero esos días no me hallo, me siento rara e inapropiada. Pero además de esto y de que los zapatos me sacan vejigas, no encuentro una razón suficiente para no usarlos. ¿Qué me ha hecho el marrón? veo a muchas personas en la calle usando prendas con este color sin ningún problema, van por la vida con una gran sonrisa, saludan al vecino, salen temprano a trabajar, disfrutan del aire puro (no en Medellín) y caminan entre la gente.

15 de noviembre de 2009

El dios que adora (Raúl Gómez Jattin)



Soy un dios en mi pueblo y mi valle no porque me adoren, sino porque yo lo hago.
Porque me inclino ante quien me regala unas granadillas o una sonrisa de su heredad.
O porque voy a donde uno de sus habitantes recios a mendigar una moneda o una camisa y me las dan.
Porque vigilo al cielo con ojos de gavilán y lo nombro en mis versos.
Porque soy solo.
Porque dormí siete meses en una mecedora y cinco en las aceras de una ciudad.
Porque la riqueza miro de perfil, mas no con odio.
Porque amo a quien ama.
Porque sé cultivar naranjos y vegetales aún en la canícula.
Porque tengo un compadre a quien le bauticé todos los hijos y el matrimonio.
Porque no soy bueno de una manera conocida.
Porque no defendí al capital siendo abogado.
Porque amo los pájaros y la lluvia y su intemperie que me lava el alma.
Porque nací en mayo.
Porque sé dar una trompada al amigo ladrón.
Porque mi madre me abandonó cuando precisamente más la necesitaba.
Porque cuando estoy enfermo voy al hospital de caridad.
Porque sobre todo respeto sólo al que lo hace conmigo, al que trabaja cada día un pan amargo y solitario y disputado como estos versos míos que le robo a la muerte.



Raul Gómez Jattin es un poeta caribeño que nació ya no sé ni en donde, porque los de Cereté dicen que en Cereté, y los de Cartagena, dicen que en Cartagena. Fue un tipo de la calle, cuenta mi papá que un día pidió en un edificio de oficinas un pedazo de papel y un lapicero, escribió cosas tan maravillosas, que le siguieron regalando hojas y hojas.

10 de noviembre de 2009

...y escribo

Muy pocas veces hablo de mi. Prefiero hablar del clima, de música, de la gente que pasa o simplemente escuchar. A nadie le interesa a qué hora salí de mi casa, cuanto me demoré bañándome, si me cambie cien veces antes de quedar con la pinta del día, si pasó el bus o no, cómo dejé la cama, quién me llamó ayer, por qué me recogí el pelo, ni cuanta plata llevo ahorrada en la semana.
Hablar de mí es sinónimo de egocentrismo, de querer destriprar al otro sin medida. Siguiendo esta línea, pensaría que lo correcto es contar mis desgracias, pero entonces los demás pensarían que soy desgraciada, y hasta podría creérmelo y me deprimiría y me volvería mierda. O tal vez sólo hablar de mis fortunas, pero entonces, pensarían que soy exitosa, que tengo al toro arragado por los cuernos y eso es mentira, nadie en este mundo que respire y esté en condiciones parecidas a las mías podría decir eso, el sistema nos traga sin poder hacer nada.
Ahora, sí hablo, no es que solo escriba, hay ciertas personas que se interesan y me preguntan, y entonces ahí sí digo, puedo durar horas hablándoles si encuentro sinceridad en sus preguntas, si veo que se divierten con mis historias, si les intereso. Creo que he aprendido a diferenciar esos casos. En la medida en que vivo me entreno para ello, agudizo mis sentidos y es cuando confío.
Supongo que si has llegado hasta esta línea, querido lector, es porque algo llama tu interés aquí, y entonces yo sigo escribiendo para que tu leas y esto se vuelve un juego, un juego que me gusta y disfruto al máximo.

4 de noviembre de 2009

¿Me estoy poniendo ciega?


Desde hace varias generaciones las mujeres hemos ganado cierto espacio en la sociedad, ahora vamos la universidad, somos jefas de la casa, trabajamos, en pocas palabras somos diosas terrenales, pues no hay algo más diligente, delicado, ágil y bonito que una mujer, es por esto que ahora los hombres quieren remedarnos, entonces se ponen faldas, se pintan la cara, depilan sus piernas y con esto creen que van a ganar nuestras cualidades, pero ¡No! no es cierto, siguen siendo hombres y ellos son torpes, tienen sólo 5 sentidos, les hace falta una costilla, no hallan otra manera de manejar la situación, que diciendo mentiras, que casi siempre son descubiertas y además juran que son la última Coca cola del desierto, sin saber que el camión viene atrás.
Pero ellos, los hombres, además de que fastidian, molestan y joden, me han regalado muchos de los momentos más bellos de mi existencia, por eso los amo. Les soporto su torpeza, incompetencia, la falta del 6to sentido y su egocentrismo, a cambio de noches de bonitas y sensaciones nunca antes vividas. ¡Me encantan! y los quiero tanto, un poco menos que a mí misma, un poco más que al chocolate, vinimos a este mundo a compartir nuestros seres y a aprender de cada uno. A los hombres, esos que verdaderamente buscan algo más allá del sexo, les entregaría mi vida completita, sin pretextos, ni excusas. El problema es que ahora son difíciles de encontrar, o es que ¿Me estoy poniendo ciega? 

31 de octubre de 2009

¿Dormir?

Toda la vida he intentado levantarme tarde, de hecho lo he logrado muchas veces. Hay vacaciones en las que las 10 de la mañana se convierten en 10 de la madrugada, y en las que la 1 de la madrugada son, para mí, las 12 del mediodía. Todo pinta muy bien algunos veces, pero, no sé qué diablos le entra a ciertas personas al cuerpo, que verme dormida a esa hora es peor que el terremoto de la zona cafetera, que la tragedia de Armero y que la muerte de Michael Jackson juntas. ¡Siempre hay una bendita excusa para levantarme!. Definitivamente no pueden ver a un pobre acomodado: cualquier cristiano se confabula con cualquier otro cristiano para levantarme temprano todos los días que quiero (y puedo) levantarme tarde.


No sé qué me pasa, parece que tengo que pagar una condena, no sé a quién no dejé dormir en la vida pasada, no sé qué fuerza extraña me persigue, ni cuantas personas conspiraron para que este cadáver que escribe tuviera que levantarse todos los días tempranito, no lo sé, el hecho es que las veces que intento que mi mañana se convierta en madrugada, son escasos. A esto le debo mis ojeras, mis dormidas en cine, mis bostezos a las seis de la tarde, etc., etc., etc.

En mi lucha contra el mundo, a fin de acabar con mis levantadas temprano (tengo que aclarar que cuando digo ‘temprano’, no son las 5 am, son las 7am, hay personas que se despiertan a las 4, no sé qué bicho extraño les picó) he intentado de todo: apagar el celular, ponerle seguro a la puerta de mi cuarto y además instalar un letrero que dice NO MOLESTAR, pedirle a cada una de las personas que viven en la casa que no me despierten, dormir con música para evitar el ruido de afuera, y otras tantas, pero es que definitivamente, ¡no se puede!. Cuando no es el celular, es el citófono, cuando no es el citófono es el timbre, cuando no es el timbre es el vecino que está instalando un cuadro y cuando no es el vecino instalando un cuadro, es el calor. Entiéndase que es una cadena perpetua, creo que abriré un grupo en Facebook pidiendo consejos para dormir, se llamaría algo así como "Tips para despertarse tarde cuando los demás no quieren" o algo como "Consejos para matar al vecino" o "Como hacer que tus amigos no te llamen a la hora de la siesta", porque esa es otra, ¡me gusta hacer siesta!, de hecho, soy de una familia de siesta como muchas familias colombianas, lo diferente es que en mi casa me enseñaron que es de muy mala educación llamar por teléfono al mediodía, es una total falta de respeto ¡No lo hago! ¡Nunca! y lo siento Drexler, pero eso de que "cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da" no va conmigo, yo no llamo, pero a mí sí me llaman, muchos conocen mi agradable voz de travesti:
-¿Aloooó?
-¿María Cristina?
-Sí, con ella
-¿Te desperté? (Es ahí donde uno piensa: ¿Le digo que si o que no? y finalmente uno dice que sí porque es imposible disfrazar la voz.
-Sí, me despertaste.
-¿Estabas dormida?
-Siiiiii, estaba dormida.
-¡Ay! ¡Lo siento! Sigue durmiendo...
“Sigue durmiendo”, por más que quiera seguir durmiendo y que la otra persona le ponga una vela a todos los santos boca abajo, ¡no puedo seguir durmiendo!, y ese es mi gran problema, una vez me despiertan, ya no puedo dormir más.

Todo esto que escribo lo hago con el único fin de que por lo menos si a alguien le pasa lo mismo me lo haga saber para no sentirme sola en este mundo, no podemos vivir en un planeta lleno de tanta injusticia social. Y si toca poner un aviso parroquial, decirle al payaso tín tín, contactar a la Madre Teresa, informarle a todos los chazeros, mandar a hacer mil volantes, contratar un carro-valla, poner un letrero en la Olaya Herrera, recomendarle, pedirle y preguntarle a todos los taxistas para poder dormir mejor, ¡lo hago!, porque si no es de salvar vidas, es de salvar sueños.

25 de octubre de 2009

Los hombres son una cosa que jode


“Los hombres son una cosa jodida”, digo yo cuando no entiendo nada de lo que hacen. Según el diccionario de la RAE cosa es “todo lo que tiene entidad, ya sea corporal o espiritual, natural o artificial, real o abstracta” y joder es sinónimo de molestar, fastidiar. Entonces podemos decir que los hombres son una entidad corporal (no sabemos si tienen espíritu), natural (algunos ya artificiales) y real (aunque a veces creemos que son, pero resulta que no), o sea que son una tremenda cosota, pero además una cosota fastidiada o molesta ¡No! Se supone que la fastidiada y/o molesta soy yo, entonces serían una cosa que jode, porque muchas veces me destrozan, me arruinan el corazón, y además molestan y fastidian.

22 de octubre de 2009

Juana con tenis

Lista para salir corriendo...


19 de octubre de 2009

Resurrecciones


Hay sucesos que llevo dentro, en mi memoria, en lo que me hace ser yo y que nunca imaginé revivirlos por el simple hecho de que no lo pensé así, no estaban en mi realidad, ni dentro de mis posibilidades y contemplaciones, ahora que soy consciente de eso puedo decirlo. Supongo que hay muchas más cosas en las que no pienso, pero hacen parte de esa gran nube de recuerdos que por alguna razón, el día menos inesperado, aparecerán y me sorprenderé.
Ayer fui al Circo Ruso sobre Hielo, el frío de la pista, el olor a crispetas y los “souvenirs luminosos” me transportaron al pasado. En un lugar como la Montería de hace 15 años, la Ciudad de Hierro (un parque de diversiones itinerante) y el Circo eran las mejores, por no decir las únicas, formas de salir de la rutina para los niños y jóvenes de un pueblo que no conocía las obras de teatro, los conciertos de música clásica, los parques temáticos, ni los grandes centros comerciales. Ir al circo era un acontecimiento, ver elefantes, tigres y osos acompañados por la voz de un presentador enérgico era divertido, ahora estoy en contra de estos, pero en ese entonces era un lugar mágico, nunca me hablaron de las heridas que causaban las cadenas, ni de los latigazos de los domadores.
El circo de ayer no tenía animales, por eso fui. Creo haber visto este mismo espectáculo cuando tenía 6 años, por allá en el 94, al parecer el show no ha cambiado mucho: la música y las historias son de esa época, no sé si los niños de ahora conocen a La sirenita y ven los fines de semana a Los picapiedra, yo sí. 

Para mí el circo siempre ha sido una incógnita, ayer me di cuenta que los actores son de carne y hueso, gimnastas y bailarines, pero me sigo preguntando si de verdad son extranjeros, por qué terminaron en un circo, qué hacen por las mañanas, dónde viven, qué comen, si van a playa o no, si tienen hijos y la lista es larga. Reviví muchas cosas ayer, y nunca pensé hacerlo porque me he sumergido tanto en mi mundo que no le doy cabida a nuevos espacios, me divertí un rato, pero también sentí tristeza, porque prefiero haberme quedado con esa magia que guardaba ahí sin recordarla, pero esta es la realidad de la vida y a veces es mejor tocar la tierra que andar por los cielos.

15 de octubre de 2009

Juana, la negra


12 de octubre de 2009

Juana aviadora


Juana es una mujer común, con un nombre común, de esas que se encuentran a la vuelta de la esquina. Ella es lo que me imagino que soy, en el sentido en el que soy mujer y soy del común: me levanto, me cepillo los dientes, voy al trabajo todos los días y vivo en este mundo.